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Entrevistes

Diosdado Toledano: “Pedimos 500 millones de partida presupuestaria y en 2021 establecer el 4% del presupuesto de la Generalitat para la RGC”

Diosdado Toledano (Barcelona, 1949) lleva gran parte de su vida luchando contra las injusticias sociales. Es la cara visible de la plataforma impulsora de la Renta Garantizada de Ciudadanía, una prestación social a través de la cual se garantiza el mínimo para una vida digna a las personas y unidades familiares que se encuentran en situación de pobreza. Toledano se muestra preocupado ante el previsible incremento de la pobreza y exclusión social como consecuencia de la crisis provocada por la pandemia del coronavirus. Hablamos con él sobre su dilatada trayectoria en el sindicalismo y los movimientos sociales y sobre esta ley que parece no estarse aplicando de forma adecuada.

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Háblenos un poco de su recorrido como activista. ¿Cuándo empieza su interés por la lucha social?
Vengo de una familia de tradición republicana y de izquierdas. Durante la Guerra Civil, mi padre se fue de voluntario a luchar con el Ejército Rojo contra el alzamiento franquista. Eso influyó en mi toma de consciencia y mi posicionamiento. Cuando estudié ingeniería técnica en la Escuela Industrial enseguida me involucré en la creación del Sindicato de Estudiantes. Desde entonces no he dejado de estar activo en los movimientos sociales.

Ha estado vinculado al movimiento sindicalista hasta el momento de su jubilación…
Tenía la convicción de la importancia del movimiento obrero para la transformación de la sociedad. Dejé de estudiar ingeniería y me metí a trabajar en fábricas, tuve que escapar de casa y vivir clandestinamente por intentos de detención. En ese entonces estaba metido en las Comisiones Obreras de la época y así empezó mi vida sindical.

Era usted muy joven…
Sí, antes de ir al servicio militar entré a trabajar en Seat. Era el año 70 y estuve implicado en un conflicto. En una reunión clandestina en Sant Boi nos detuvo la Guàrdia Urbana y estuve unos días en la Modelo. Durante el servicio militar, como tenía convicciones de cambiar las cosas y luchar contra la dictadura, organicé comités de soldados. La policía militar me llevó a ser interrogado a la comisaría de Via Laietana y posteriormente dieron la orden de que tenía que ir a prisión militar. Tomé la decisión de desertar. Estuve un año clandestino en Barcelona, con el apoyo de compañeros de los comités de soldados que había organizado, pero cuando los recursos escasearon para los compañeros que me escondían, opté por exiliarme y me refugié en Francia durante dos años y medio, antes de volver clandestinamente a España poco antes de la muerte del dictador.

¿Entonces regresa a Seat?
Al principio de la transición lideré la batalla por la amnistía laboral en Seat. Fue una de las primeras fábricas en que se consiguió y como consecuencia de ello regresé a la empresa. Desde ese momento volví a retomar la actividad sindical.

Ha visto evolucionar el movimiento sindical. ¿Está usted decepcionado? 
La palabra no sería decepción, porque siempre hay que comprender lo que sucede. Sí es cierto que durante el franquismo había una gran solidaridad y unidad en el movimiento obrero y una capacidad de respuesta importante. Con el tiempo, eso fue cayendo por diferentes causas. Para mí el punto de inflexión que se produce en Seat fue cuando los sindicatos entraron a negociar con la empresa la gestión de las contrataciones. Para la empresa fue un gran negocio porque obtenía unas contraprestaciones. Es decir, si tú te mantenías reivindicativo, la empresa te cortaba el flujo de administrar esos contratos. Se creó un cierto clientelismo sindical. Algunos nos opusimos a ese sistema y a consecuencia de nuestra protesta se expulsó del sindicato a los dirigentes de CCOO de Seat Martorell. Eso condujo a un problema de desmovilización del sindicalismo.

Cuéntenos el desenlace de su lucha en Seat.
En 2005 la empresa impuso un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) a 680 trabajadores de la plantilla, que también me afectó a mí, y que fue un proceso de limpieza de la gente más combativa. Ese expediente fue participado también por los dirigentes sindicales de CCOO y UGT. No era un problema de que sobrara personal porque, al cabo de unos meses, la empresa volvía a contratar gente. Una parte de los afectados por el ERE volvieron a la fábrica, pero el núcleo que ellos consideraron que había que cargarse, no podíamos reingresar. Eso nos lo comunicaron en 2008 y precipitó que algunos compañeros nos pusiéramos en huelga de hambre e hiciéramos varias acciones. A raíz de esto, los trabajadores acabaron apretando a los sindicatos para convocar una huelga en fábrica y, a partir de la convocatoria de esa huelga unitaria, la empresa se bajó los pantalones y aceptó el reingreso del resto de gente.

¿Qué poder real tienen hoy en día los sindicatos?
Los sindicatos solo tienen poder si la clase trabajadora en las fábricas tiene consciencia y participa. Hace falta un movimiento obrero educado, consciente, que se una en asambleas… Las crisis evidentemente debilitan el movimiento sindical porque la gente prioriza el tener trabajo.

¿Los movimientos sociales operan al margen de los sindicatos?
Inicialmente los sindicatos históricos eran socio políticos, globalizaban toda la respuesta al sistema capitalista de la época. Cuando su actividad pasa a reducirse a las fábricas y los centros de trabajo, dejan todo un espacio que, en la medida que nadie lo cubre, es la clase trabajadora y la propia ciudadanía la que se organiza y genera movimientos sociales autónomos.

También está usted metido en Marea Pensionista. ¿Qué futuro augura usted en este sentido? ¿Las generaciones venideras tendremos pensiones? 
Creo que la gente joven tiene que mirar la experiencia de las mareas pensionistas y entender que estas no luchan solo por su generación, luchan por mantener las pensiones públicas también para las generaciones venideras. Durante un tiempo, la gente joven solo ha vivido la precariedad y, cuando eso ocurre, la tendencia es a creer que la precariedad es normal. Pero a pesar de esas circunstancias, la gente joven ha sido capaz de reaccionar, de autoorganizarse y de obtener victorias. Yo confío que es posible ganar la batalla de las pensiones.

En estos últimos años ha estado enfrascado en la lucha por la Renta Garantizada de Ciudadanía (RGC). ¿Cuándo surge esta lucha?
Esta iniciativa surge en el 2011 cuando el gobierno presidido por Artur Mas adoptó una serie de recortes sociales para reducir el gasto social. Hicieron una contrarreforma de lo que era la Renta Mínima de Inserción (el PIRMI) y criminalizaron a las personas que cobraban esta prestación acusándolos de fraude. En el verano de 2011, cuando ya había surgido el movimiento del 15M, respondimos. Entonces nos planteamos que, mejor que volver a la situación anterior al recorte del PIRMI, era apostar por el derecho a la Renta Garantizada de Ciudadanía, establecida en el Estatuto de Autonomía (artículo 24.3). Esa era una formulación mucho más avanzada que el PIRMI.

Se constituye entonces la plataforma impulsora de la Renta Garantizada de Ciutadana…
Entonces impulsamos una ILP con el objetivo de hacer realidad ese derecho que había en el Estatuto y construimos el proyecto de ley de la Renta Garantizada. Hubo elecciones de por medio y el proceso se ralentizó hasta poder presentar la ILP al Parlament. Cuando ésta fue admitida a trámite, recogimos más de las 50.000 firmas necesarias y, en 2014, presentamos en el pleno del Parlament la propuesta del contenido de esa ILP. Des de la Generalitat siempre se ha intentado que el proceso se dilatara al máximo para que no se votase esta ley y nosotros tuvimos que hacer varias acciones hasta que pudimos empezar la negociación con el gobierno, una negociación que fue muy dura hasta que, finalmente, se aprobó por unanimidad en julio de 2017.

¿Se aplica correctamente esta ley?
Sabíamos que con todas las trabas que había puesto el gobierno de la Generalitat, haría todo lo posible por no aplicarla correctamente, por eso decidimos no disolvernos. La RGC tiene una prestación central, la propia renta garantizada, y los complementos de pensiones no contributivas y prestaciones sociales. Los problemas los encontramos con las nuevas solicitudes, porque se descubrió que estaban incumpliendo la aplicación de la ley; no se aplicaba el silencio positivo y se denegaron muchas solicitudes sin alegar razones claras. El nivel de resoluciones negatorias era del 90% y la gran mayoría eran injustas. A partir de aquí iniciamos acciones iniciativas ante el Parlament para que se revisen todas las solicitudes denegadas, se recorte el tiempo de carencia a dos meses (el tiempo que tienes que demostrar que tus ingresos son inferiores al umbral de la renta garantizada) y se acorte el tiempo de resolución administrativa.

¿El presupuesto que destina la Generalitat a la RGC es suficiente?
Los datos de Idescat en Catalunya, relativos a 2018 cuando ya se aplicaba la ley, indican que hubo un incremento de la pobreza severa y la pobreza relativa. Demostración evidente de que se incumplió la ley. Pongamos como ejemplo la Renta de Garantía de Ingresos de Euskadi, en la que el gobierno de Euskadi se gasta el 4,35% del presupuesto, con una tasa de vulnerabilidad mucho menor que en Catalunya. Aquí se le destina solo el 1,1% del presupuesto. Y eso es insuficiente para implementar correctamente la RGC. Por eso hemos sacado un comunicado en que, ante la situación de emergencia en que la pobreza se va a disparar, planteamos que haya 500 millones de partida presupuestaria y en 2021 establecer ya el 4% del presupuesto de la Generalitat.

Se ha aprobado el Ingreso Mínimo Vital por parte del Gobierno estatal. ¿Cómo han recibido esta noticia?
En abril del mes pasado enviamos una carta al presidente del Gobierno con una serie de propuestas para garantizar la compatibilidad y complementariedad con la RGC. En primer lugar, esperamos que dicha ley respete las competencias de la Generalitat de Cataluña, así como de otras comunidades autónomas, buscando el mejor encaje con las diversas leyes existentes de Rentas Mínimas, Básicas, de Garantía de Ingresos…

Hemos oído que se presenta a las primarias por Podem junto a Noelia Bail. ¿Como será este proyecto político?
Sí, eso es a título personal. Soy miembro del Consell Nacional de Catalunya en Comú y estoy en Podem desde hace un año y pico. La idea es recuperar lo mejor del impulso inicial de Podem, en que la influencia del 15M fue muy evidente, porque con el tiempo se generan desgastes y abandono de aquellas ideas iniciales. También hacemos una apuesta muy clara por el papel de los movimientos sociales, que nadie se piense que la acción del gobierno es suficiente. Siempre hay que tener muy clara la opinión de los movimientos cuando se hacen debates o medidas parlamentarias.

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Cristina Dalfó: “Volem estar ben organitzats i preparats pel dia que realment es pugui tirar endavant la independència”

Aquest mes fem una visita al barri de Sants per parlar amb la Cristina Dalfó Simó (Girona, 1968), una de les impulsores del Consell Local per la República – Sants-Montjuïc. Aquesta organització, que tot just s’acaba de constituir, ja aplega més de 2300 persones que tenen en comú el sentiment independentista i la voluntat que Catalunya esdevingui una república. La Cristina és filla de l’escriptora i política valenciana Isabel-Clara Simó, qui va ser una de les veus més entusiastes en la defensa de la independència de Catalunya.

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En primer lloc, explica’ns una mica qui ets i quina relació tens amb el Districte de Sants- Montjuïc…
Des que soc adulta visc a Sants i em considero santsenca d’adopció, perquè vaig néixer a Girona i em vaig criar a Figueres. Soc professora de la Universitat de Lleida al campus d’Igualada. També formo part de l’Assemblea Nacional de Catalunya, de la territorial del districte, des de la seva fundació. I abans d’això ja vaig participar a Sants Decideix i a Sants-Montjuïc per la Independència. Suposo que per motius familiars he estat independentista des de sempre.

Parlem del recent estrenat Consell Local per la República de Sants-Montjuïc. Per què heu decidit constituir-lo?
Bàsicament perquè hi havia consells locals a tot Catalunya i faltava el de Sants-Montjuïc. Ens vam reunir algunes persones, amb algunes de les quals ja ens coneixíem d’altres espais com Òmnium o l’Assemblea i amb altres no, i vam decidir crear el consell. Al desembre vam començar a treballar i la junta s’ha constituït fa unes poques setmanes.

Com s’estructura el Consell i quantes persones l’integren actualment?
Ara mateix el formem 2300 persones, que ja érem del Consell per la República Catalana i, en constituir-se el consell local del districte, hem passat a formar-ne part. Pel que fa a l’estructura, tenim un equip de coordinació d’onze persones que, per voluntat de tots, no té càrrecs. Fem democràcia participativa i ens repartim la feina entre tots, per equips.

Quin és l’objectiu d’aquesta organització?
L’objectiu bàsicament és fer xarxa de botigues, d’empreses, de persones… per no deixar decaure el sentiment independentista i per estar ben organitzats i preparats pel dia que realment es pugui tirar endavant la independència. De moment, el que ens proposem és donar-nos a conèixer, participar en tots els actes per la independència que es vagin organitzant i organitzar-ne de propis.

Teniu la sensació que aquest sentiment decau?
Amb la pandèmia tot ha passat a un segon terme, per força, i tots els moviments reivindicatius ens hem vist limitats, però no hem notat que les forces flaquegin; el Consell per la República general està arribant als 100.000 afiliats i és una xifra que creix. Creiem que la gent està amb ganes, però expectant, perquè puguem fer coses.

Qualsevol persona pot formar part del Consell? Quins compromisos ha d’adquirir?
Qualsevol persona que sigui independentista, indiferentment de si és o no d’un determinat partit polític, i que estigui afiliada al Consell per la República pot sumar-se al consell local. Demanem, a qui pugui, una mica d’implicació, però això depèn de cadascú i de les seves possibilitats.

Quins mètodes de comunicació feu servir? 
Tenim canals de Telegram i correu electrònic encriptat. També fem difusió a través de les xarxes socials.

L’objectiu últim del Consell és assolir una república independent. Quin grau de confiança tens ara mateix que això es pugui aconseguir a mitjà termini?
Sabem que hi ha molta feina a fer encara i que els polítics són difícils de moure, tot i que déu n’hi do, en determinats moments, tot el que han fet. I per això han pagat conseqüències extremadament dures, tant els que estan a la presó com els que estan a l’exili. Crec que hem pagat la ingenuïtat que teníem al començament, però estem determinats i no tenim cap dubte que arribarà. Pot trigar més o menys, però arribarà.

Creus que actualment l’independentisme té una estratègia clara de futur?
La pandèmia, com deia, ens ha paralitzat a tots, però crec que sí que hi ha una estratègia d’internacionalització. No esperem grans ajudes de fora, però sí que es conegui el cas català. Es tracta de portar l’Estat espanyol a una situació insostenible i, quan això passi, quan els passem per sobre perquè no ens poden ficar a tots a la presó, aleshores haurem guanyat. Però és clar, aquesta no és una estratègia a curt termini, sinó a mitjà termini.

A banda de la lluita estrictament política, també reivindiqueu una reformulació del model social i econòmic i promoveu que es consumeixi a través d’empreses afins a la República. 
Bàsicament el que fem és donar informació a la gent, i que ells i elles puguin decidir quines empreses li convenen més. Si li convenen les empreses de l’IBEX 35 o li convenen més les empreses situades a Catalunya i que no actuen contra Catalunya; empreses que no tenen una mentalitat tan jeràrquica i que també fan créixer el país. Tenim una llista llarga d’empreses que atenen els clients en català i que ofereixen un tracte diferent, més proper. També són empreses que aposten per l’ecologia, el feminisme i la democràcia participativa.

Per últim, volem aprofitar per preguntar-te sobre la teva mare, Isabel-Clara Simó. Quin és l’aprenentatge més important que t’endús d’ella? 
La meva mare em va ensenyar que s’ha de lluitar per allò que creus i per fer la vida millor per a tothom. Creia fermament en l’autodeterminació dels pobles i en treballar perquè la gent tingui una vida digna.

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Irma Ariola: “Cuando llegué aquí y vi que hay tanta gente mayor que vive sola, me chocó mucho”

Jornades interminables, experiències de maltractament emocional, episodis de racisme i esgotament físic. Són algunes de les situacions a les que cada dia s’enfronten les persones que treballen en el sector de les cures. Irma Ariola (Puerto Cortés, Honduras, 1985) ha viscut en primera persona aquesta realitat durant els més de 15 anys que porta dedicant-se al que l’apassiona: tenir cura de qui ho necessita. Per això va decidir formar, al costat d’altres companyes, Ca l’Abril (Perú, 52), una cooperativa de cures que té una doble missió: potenciar l’autonomia i el benestar de les persones amb necessitat de cures i, alhora, dignificar un sector encara molt precaritzat.

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En primer lugar, háblanos un poco de tu trayectoria vital. ¿Quién eras y qué hacías en tu país?
Empecé a trabajar a los 10 años vendiendo pan, recolectando fruta… y también estudiaba. Hice bachillerato y un curso de auxiliar de enfermería, entonces empecé a trabajar en el área de farmacia de un centro de salud público, pero trabajaba de voluntaria, no tenía un sueldo fijo y tenía trabajo solo cuando me requerían.

¿Por eso decides marcharte a España?
En mi país no hay oportunidades laborales y tener que salir desde mi pueblo a la ciudad era algo peligroso. La delincuencia y la inseguridad en Honduras son flagrantes, es un “sálvese quien pueda”. Si tú tienes una mínima estabilidad económica, no puedes mostrarlo porque te pueden extorsionar. Si te das el capricho de comprarte unos pendientes, al día siguiente te los arrancan.

¿Tenías a alguien aquí?
Mi hermana vivía en España y ella fue quien me animó. Yo tenía 27 años y dos hijos cuando me marché. Lo que acabó de convencerme es que tengo un niño con problemas de salud y la medicación que requería se llevaba gran parte de mi sueldo, es un medicamento que allí cuesta 3.000 lempiras al mes (105 euros) y en España costaba 6,50 euros. Hay que tener en cuenta que el salario mínimo en Honduras era de 5.000 lempiras (175 euros) y ese sueldo solo lo cobraba mi marido. Vivíamos para pagar el tratamiento porque, en Honduras, solo algunos privilegiados pueden permitirse enfermar.

¿Qué dificultades te encuentras aquí?
La principal es regularizar mi situación para poder trabajar. Llevo aquí 8 años y todavía no lo he conseguido. Cuando te hacen un precontrato, haces todos los trámites de extranjería y te dan el número de la Seguridad Social. A los tres meses cotizados te dan una primera tarjeta, pero si no cotizas seis meses 40 horas a la semana, no te la renuevan. En mi caso, en la segunda familia con la que trabajé, me hicieron la documentación cuando ya llevaba dos años con ellos. En ese tiempo, quedé embarazada y me despidieron. Yo ya tenía mi primera tarjeta, pero no llegué al tiempo mínimo de cotización y volví a quedarme sin documentos. Después de tener a mi tercer hijo, trabajé en una residencia y allí han iniciado el proceso para tramitar mi documentación, pero con el Covid, se ha vuelto tan complicado que llevo un año esperando respuesta y mientras tanto no puedo trabajar.

¿Cómo es la cultura de los cuidados en tu país?
Allí es lo normal. Cuidamos los unos de los otros. Cuando una persona mayor no se puede valer por sí misma, la más pequeña de la familia es quien se queda en casa con el abuelo. Aprendes a cuidar, a darle la comida, a ayudarle… En España nos ganamos la vida con los cuidados porque lo sabemos hacer muy bien y aunque muchas personas lo hacen por necesidad, en mi caso es algo que me apasiona. Cuando llegué aquí y vi que hay tanta gente mayor que vive sola, me chocó mucho. Nunca antes había visto algo así, en mi país nadie tendría el corazón de dejar a su abuelo solo. Para nosotros, los abuelos son sagrados, son las personas más importantes y todos procuramos por su bienestar.

Esta es una de las razones de ser de Ca l’Abril; combatir el aislamiento de la gente mayor. ¿Cómo surgió la idea de crear esta cooperativa?
La idea nació en Barcelona Activa con el apoyo del Pla de Barris, nos convocaron a una reunión y nos propusieron participar en un programa de emprendimiento. El hecho de crear una cooperativa de cuidados fue idea nuestra, de las participantes, porque era lo que mejor sabemos hacer. El 80% de las que formamos la cooperativa somos de fuera y en España es la oportunidad laboral que más se nos brinda, la de cuidar de los mayores y del hogar. Entonces hicimos varias formaciones, de liderazgo y de cohesión de grupo, entre otras, con profesores excelentes de la cooperativa Labcoop.

¿Qué servicios ofrecéis?
Nuestro trabajo es cuidar a las personas. Ofrecemos servicios de cuidado a personas mayores en el ámbito más amplio de la palabra, les acompañamos al médico, paseamos, les damos la comida… Cuidamos de personas enfermas o personas en situación de dependencia y ofrecemos servicios de limpieza y mantenimiento del hogar.

También os proponéis ser un modelo de cuidados que lucha contra la precariedad laboral en un sector muy feminizado y precarizado.
Sí, al comienzo del proyecto todas nos sentábamos y hablábamos de las experiencias vividas: trabajar todos los días de la semana, humillaciones, episodios de racismo, fatiga absoluta. Hemos vivido situaciones que no se comparan con el miedo que pasaba en mi país, pero tampoco es justo que se nos trate mal. Algunos clientes saben que necesitas el trabajo, que no tienes papeles y que de ello dependes tú y los tuyos, y se aprovechan de eso. También hay clientes que se convierten en tu familia y es un placer cuidarlos. Pero Ca l’Abril quiere garantizar las condiciones dignas de sus trabajadoras y trabajadores, con los días de descanso, rechazando trabajar de internas, limitando las horas de trabajo… Ca l’Abril existe sobre todo porque nos gusta lo que hacemos y lo hacemos de corazón.

¿Cómo vivisteis los meses de confinamiento?
No dejamos de trabajar en ningún momento. A las personas hay que cuidarlas siempre y nosotras tuvimos bastante faena esos meses. Allí la gente se dio cuenta de que somos profesionales esenciales.

Por último, ¿qué futuro deseas para la cooperativa?
Me gustaría que Ca l’Abril llegue a más gente y que las socias, que tantas ganas tenemos de trabajar, podamos hacerlo. Que se regule nuestra situación legal y podamos trabajar con las condiciones que merecemos. No pedimos nada excepcional.

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Manel Portomeñe: “S’han gastat moltíssims diners en adequar aquest teatre”

Mai no s’ha atrevit a treballar sobre els escenaris, però coneix de primera mà tots els ets i els uts del món de l’espectacle. Manel Portomeñe (Barcelona, 1962) va debutar com a gestor cultural fa una trentena d’anys al Cafè Teatre Llantiol i, des d’aleshores, no ha deixat d’idear projectes i de representar humoristes de gran renom. Ara, afronta un nou repte com a director artístic del Teatre Apolo, que ha obert recentment les portes amb el musical ¿Quién mató a Sherlock Holmes?, després de romandre gairebé dos anys tancat.

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Parla’ns una mica de la teva trajectòria professional…
Vaig començar als 14 anys tirant focus al col·legi de la parròquia. El dia que vaig fer 18 anys, el 1980, vaig començar a treballar al Teatre Llantiol, al barri Xino, on feia de tècnic aprenent. Al cap d’un any ja em vaig convertir en l’encarregat i decidia qui actuava. Al Llantiol hi vaig estar 20 anys, allà vaig conèixer moltes figures de l’espectacle; els Tricicle, els Vol Ras, el Màgic Andreu, Juan Tamariz… I em vaig adonar que el que jo sabia fer era tractar amb artistes, així que em vaig decidir a fer de representant. Des de fa 30 anys em dedico a això.

També sabem que, durant una etapa, vas gestionar les estàtues humanes de la Rambla, una feina que pràcticament s’ha extingit.
Quan treballava al Llantiol, els divendres a la tarda anava a les Rambles a passejar i allà trobava titellaires, pallassos, mags que, si m’agradaven, els contractava per treballar al Llantiol, però sobretot hi havia estàtues i vaig començar a tenir converses amb algunes d’aquelles persones. Se’m va acudir la idea de muntar el concurs d’estàtues humanes; hi havia el premi a la més estàtica, al millor vestuari, a la reacció més sorprenent quan es llençava una moneda… I la gent votava. Vaig presentar el projecte a Rubí, on va funcionar molt bé durant tres anys a la festa major i també va ser un èxit a les festes de Valladolid. Arran d’això vam començar a viatjar per Espanya, contractats per diferents ajuntaments, agafàvem un autobús ple d’estàtues vivents i fèiem gira. Això va durar vuit o nou anys, ara ha deixat de ser un negoci rendible perquè ja ningú porta monedes i la pandèmia els ha acabat de fer desaparèixer perquè ja no arriben aquells vaixells que portaven més de 3.000 persones cadascun.

A quins artistes representes des de la teva empresa MPC Management?
Sobretot artistes del món de l’humor. Entre ells estan el Berto Romero (soc el seu manager des de fa 25 anys!), l’Ignatius Farray, el Dani Rovira, l’Antonia San Juan, el mestre Godoy… Això m’ha permès viatjar per tot Espanya i sobretot a Madrid, on es fa el 49% del teatre estable.

Com et va sorgir la possibilitat de gestionar el Teatre Apolo?
Precisament a Madrid vaig conèixer a Enrique Salaberria, que és qui programa molts teatres a Madrid a través del Grupo Smedia. Vam travar amistat i hem treballat molt plegats. Ell sempre em deia que l’avisés quan hagués un teatre lliure a Barcelona perquè volia que féssim un projecte junts i fa cosa d’un any i mig, just abans de la pandèmia, vam veure que el Teatre Apolo estava buit i vam anar-lo a veure.

Què us hi vau trobar quan vau anar a visitar el teatre?
Era la casa dels horrors. Estava tot en molt males condicions i, de fet, estava saquejat. Els últims que ho van gestionar, havien deixat a deure diners i tothom s’havia endut coses. Estava totalment desmantellat. Però tot i això, l’Enrique és molt valent i va decidir tirar endavant el projecte en aquest teatre.

Segueixes treballant en la gestió d’artistes al mateix temps que t’encarregues de la programació del Teatre Apolo?
L’empresa segueix funcionant perquè hi ha la meva filla i el meu gendre d’encarregats, a més de set persones treballant-hi perquè representem a catorze artistes i en distribuïm uns altres catorze.

Després de la pèssima gestió d’Ethika Global, el repte era majúscul. Com enfoqueu aquesta nova etapa del teatre?
Volem amortitzar al màxim les hores de feina al teatre. Hem d’obrir tot el que puguem i hem de fer que això funcioni perquè s’han gastat moltíssims diners en adequar el teatre, més de 800.000 euros en reformes i condicionament de l’espai. Els dimarts, per exemple, farem sessions de DJ, altres dies farem matinals, concerts… Per part meva, intentaré aportar el meu coneixement i els meus artistes, però mai pots saber si el que estàs fent en el món del teatre tindrà èxit o no.

És una programació continuista respecte a la que s’ha fet darrerament al teatre? Musicals, espectacles de caire comercial…
No exactament. És una línia molt eclèctica, volem fer de tot. Sí que tenim molt musical; al setembre farem Fama, el Musical, un format que serà segurament més fàcil de vendre. També traslladarem el Berto, que omple la Sala BARTS des de fa dos anys, al Teatre Apolo per fer la propera temporada, així com d’altres humoristes com Dani Rovira, La vida moderna… Volem donar al públic un contingut molt actual que els agradi, deixant de banda la pàtina una mica “casposa” que s’ha vist a la cartellera en altres èpoques.

Parla’ns de l’espectacle que teniu en cartellera…
¿Quién mató a Sherlock Holmes? és un espectacle molt ben treballat i molt ben interpretat. L’escenografia és collonuda i la qualitat del musical és impressionant. A més, t’expliquen una història que no té res a veure amb la bibliografia de Sherlock Holmes, sinó que és una adaptació lliure d’una història que al final té una resolució molt curiosa. El recomano molt.

És una gran producció que suposa una despesa important i necessita una bona resposta del públic. Està sent així?
El ritme ha anat creixent, però ara mateix no és una bona època per al teatre. Setmana Santa, estiu… Són els pitjors moments de l’any i és difícil de dir. Ara mateix no estem fent uns números de Mago Pop, evidentment, però confiem en el boca-orella.

Molts directors de teatres del Paral·lel parlen de la importància de revifar la zona artísticament, però també en altres aspectes. Teniu relació o alguna mena de pla comú amb altres teatres i espais de l’avinguda? 
Ens agradaria molt. Ens interessa conèixer els nostres veïns, el Tantarantana, el Mago Pop, el Condal… Tenim molta relació amb la Sala BARTS i amb el seu equip, de fet muntem junts el Festival Salat a Sant Feliu de Guíxols. Qualsevol mena de projecte cultural o associació que hi hagi al barri té les portes del nostre teatre obertes.

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