Connecta amb nosaltres

Entrevistes

Irma Ariola: “Cuando llegué aquí y vi que hay tanta gente mayor que vive sola, me chocó mucho”

Jornades interminables, experiències de maltractament emocional, episodis de racisme i esgotament físic. Són algunes de les situacions a les que cada dia s’enfronten les persones que treballen en el sector de les cures. Irma Ariola (Puerto Cortés, Honduras, 1985) ha viscut en primera persona aquesta realitat durant els més de 15 anys que porta dedicant-se al que l’apassiona: tenir cura de qui ho necessita. Per això va decidir formar, al costat d’altres companyes, Ca l’Abril (Perú, 52), una cooperativa de cures que té una doble missió: potenciar l’autonomia i el benestar de les persones amb necessitat de cures i, alhora, dignificar un sector encara molt precaritzat.

Publicat

on

En primer lugar, háblanos un poco de tu trayectoria vital. ¿Quién eras y qué hacías en tu país?
Empecé a trabajar a los 10 años vendiendo pan, recolectando fruta… y también estudiaba. Hice bachillerato y un curso de auxiliar de enfermería, entonces empecé a trabajar en el área de farmacia de un centro de salud público, pero trabajaba de voluntaria, no tenía un sueldo fijo y tenía trabajo solo cuando me requerían.

¿Por eso decides marcharte a España?
En mi país no hay oportunidades laborales y tener que salir desde mi pueblo a la ciudad era algo peligroso. La delincuencia y la inseguridad en Honduras son flagrantes, es un “sálvese quien pueda”. Si tú tienes una mínima estabilidad económica, no puedes mostrarlo porque te pueden extorsionar. Si te das el capricho de comprarte unos pendientes, al día siguiente te los arrancan.

¿Tenías a alguien aquí?
Mi hermana vivía en España y ella fue quien me animó. Yo tenía 27 años y dos hijos cuando me marché. Lo que acabó de convencerme es que tengo un niño con problemas de salud y la medicación que requería se llevaba gran parte de mi sueldo, es un medicamento que allí cuesta 3.000 lempiras al mes (105 euros) y en España costaba 6,50 euros. Hay que tener en cuenta que el salario mínimo en Honduras era de 5.000 lempiras (175 euros) y ese sueldo solo lo cobraba mi marido. Vivíamos para pagar el tratamiento porque, en Honduras, solo algunos privilegiados pueden permitirse enfermar.

¿Qué dificultades te encuentras aquí?
La principal es regularizar mi situación para poder trabajar. Llevo aquí 8 años y todavía no lo he conseguido. Cuando te hacen un precontrato, haces todos los trámites de extranjería y te dan el número de la Seguridad Social. A los tres meses cotizados te dan una primera tarjeta, pero si no cotizas seis meses 40 horas a la semana, no te la renuevan. En mi caso, en la segunda familia con la que trabajé, me hicieron la documentación cuando ya llevaba dos años con ellos. En ese tiempo, quedé embarazada y me despidieron. Yo ya tenía mi primera tarjeta, pero no llegué al tiempo mínimo de cotización y volví a quedarme sin documentos. Después de tener a mi tercer hijo, trabajé en una residencia y allí han iniciado el proceso para tramitar mi documentación, pero con el Covid, se ha vuelto tan complicado que llevo un año esperando respuesta y mientras tanto no puedo trabajar.

¿Cómo es la cultura de los cuidados en tu país?
Allí es lo normal. Cuidamos los unos de los otros. Cuando una persona mayor no se puede valer por sí misma, la más pequeña de la familia es quien se queda en casa con el abuelo. Aprendes a cuidar, a darle la comida, a ayudarle… En España nos ganamos la vida con los cuidados porque lo sabemos hacer muy bien y aunque muchas personas lo hacen por necesidad, en mi caso es algo que me apasiona. Cuando llegué aquí y vi que hay tanta gente mayor que vive sola, me chocó mucho. Nunca antes había visto algo así, en mi país nadie tendría el corazón de dejar a su abuelo solo. Para nosotros, los abuelos son sagrados, son las personas más importantes y todos procuramos por su bienestar.

Esta es una de las razones de ser de Ca l’Abril; combatir el aislamiento de la gente mayor. ¿Cómo surgió la idea de crear esta cooperativa?
La idea nació en Barcelona Activa con el apoyo del Pla de Barris, nos convocaron a una reunión y nos propusieron participar en un programa de emprendimiento. El hecho de crear una cooperativa de cuidados fue idea nuestra, de las participantes, porque era lo que mejor sabemos hacer. El 80% de las que formamos la cooperativa somos de fuera y en España es la oportunidad laboral que más se nos brinda, la de cuidar de los mayores y del hogar. Entonces hicimos varias formaciones, de liderazgo y de cohesión de grupo, entre otras, con profesores excelentes de la cooperativa Labcoop.

¿Qué servicios ofrecéis?
Nuestro trabajo es cuidar a las personas. Ofrecemos servicios de cuidado a personas mayores en el ámbito más amplio de la palabra, les acompañamos al médico, paseamos, les damos la comida… Cuidamos de personas enfermas o personas en situación de dependencia y ofrecemos servicios de limpieza y mantenimiento del hogar.

También os proponéis ser un modelo de cuidados que lucha contra la precariedad laboral en un sector muy feminizado y precarizado.
Sí, al comienzo del proyecto todas nos sentábamos y hablábamos de las experiencias vividas: trabajar todos los días de la semana, humillaciones, episodios de racismo, fatiga absoluta. Hemos vivido situaciones que no se comparan con el miedo que pasaba en mi país, pero tampoco es justo que se nos trate mal. Algunos clientes saben que necesitas el trabajo, que no tienes papeles y que de ello dependes tú y los tuyos, y se aprovechan de eso. También hay clientes que se convierten en tu familia y es un placer cuidarlos. Pero Ca l’Abril quiere garantizar las condiciones dignas de sus trabajadoras y trabajadores, con los días de descanso, rechazando trabajar de internas, limitando las horas de trabajo… Ca l’Abril existe sobre todo porque nos gusta lo que hacemos y lo hacemos de corazón.

¿Cómo vivisteis los meses de confinamiento?
No dejamos de trabajar en ningún momento. A las personas hay que cuidarlas siempre y nosotras tuvimos bastante faena esos meses. Allí la gente se dio cuenta de que somos profesionales esenciales.

Por último, ¿qué futuro deseas para la cooperativa?
Me gustaría que Ca l’Abril llegue a más gente y que las socias, que tantas ganas tenemos de trabajar, podamos hacerlo. Que se regule nuestra situación legal y podamos trabajar con las condiciones que merecemos. No pedimos nada excepcional.

Continua llegint

Entrevistes

Alix Gentil: “La gent entra al local i queda realment sorpresa”

Alix Gentil (París, 1988) va agafar el timó del bar-teatre Tinta Roja (Creu dels Molers, 17) l’octubre passat. Creat el 1998 per Hugo Zubillaga, en va agafar el testimoni el seu fill Manuel. Anava a tancar pels deutes provocats per la pandèmia, però va evitar-ho Alix Gentil, actriu i directora de cine francesa especialitzada en improvisació i veïna del Poble-sec, juntament amb la seva parella, Alexis Panet. Parlem amb ella sobre el nou rumb que prendrà el local asseguts en un dels sofàs de vellut que hi ha al Tinta Roja, sota una llum tènue que dona un aire màgic a l’espai.

Publicat

on

Com va arribar al Tinta Roja?
Portava molts anys actuant-hi amb la meva companyia de teatre improvisat, The Modestos. La meva parella, l’Alexis Panet, també va començar a actuar-hi amb la seva companyia. Vam fer molt bona relació amb el propietari, el Manuel. Durant la pandèmia ho va passar molt malament i li vaig proposar fer un Verkami per pagar deutes. Així va poder reobrir. Per a mi era molt important que pogués seguir funcionant i molta gent es va mobilitzar. Però no va ser suficient. Tenia tants deutes que ja era insostenible.

Anava a tancar?
Fins i tot vam fer l’última funció. Aquell dia, en arribar a casa, ens vam decidir a agafar-lo. Teníem clar que calia seguir amb el Manuel, continuant el projecte que el seu pare havia iniciat i en què ell portava molts anys treballant. Per això el tenim a ell com a encarregat del local, jo gestiono la programació i l’Alexis porta l’administració. Fem una reunió setmanal tots tres i forma part de la direcció. La seva experiència és molt valuosa. Nosaltres ja coneixíem la producció d’espectacles perquè l’Alexis va tenir un centre cultural, però de bar no en sabíem.

És un bar, un teatre, un cafè-teatre…?
Seria un bar-teatre. Però el bo és que quan entres, primer et trobes amb la part de bar i al final hi ha un altre espai que és el teatre. Ara, el negoci és en el bar, perquè si només tinguéssim el teatre com en pandèmia, no funcionaria. A més, ja sabem que en alguns espectacles es consumeix més, com als monòlegs. A la improvisació en anglès, prenen gintònics. Amb teatre dramàtic, no.

I malgrat això seguiran fent programació dramàtica?
Jo estic oberta a tot tipus de propostes. No dic mai que una cosa no m’interessa. Al principi vam pensar en centrar-nos en la improvisació, però ens vam adonar que el local crida a fer moltes coses més.

Vostè és  actriu i la seva parella, l’Alexis, és programador informàtic. Podria semblar que està molt allunyat però si ha fet improvisació i gestió d’espais culturals tampoc està lluny…
Totalment. Ell té els seus ingressos en la informàtica i el Tinta Roja actualment és un hobby… tot i que li porta més temps que la feina! Però ni ell ni jo cobrem res, ho dediquem tot a pagar els sous, però és normal, sabem que al principi és així.

Volen fer canvis?
Canviar-lo, no. Millorar-lo, sí. Ara som tres fent el que feina un. El Manuel té temps de fer moltes coses que abans no podia. I tenim la sort que l’Alexis automatitza moltes tasques repetitives, com ara l’enviament de correus. Tenim més temps i hem arribat a programar dos o tres espectacles al dia. Abans era un perquè al Manuel li arribaven tants correus que no podia respondre. A més, anem provant quins horaris funcionen millor. I a l’agost canviarem la instal·lació elèctrica, els llums de l’escenari i la climatització.

Per primer cop hi ha una persona dedicada a la programació teatral des d’un punt de vista artístic?
No puc dir que hi hagi una visió artística perquè no ens podem permetre rebutjar propostes per la qualitat. Sí que posem com a filtre que hi hagi una paga i senyal, i un preu mínim.

Ser al Poble-sec ajuda?
El conec de fa tants anys que no ho sé. És cert que la gent no entra perquè passava caminant per davant, sinó perquè els ho han recomanat o venen a veure un espectacle. Al barri la gent no ho coneix gaire: saben que hi som però no saben què fem.

És la gràcia del local, que des de fora no sembli el que és?
Sí. La gent entra al local i queda realment sorpresa.

Creu que els veïns no se’l senten prou seu?
Cal tenir en compte que és un bar una mica més car que altres llocs, també perquè cal mantenir un local de 200 m2. Soc conscient que no és per a tothom.

De quins preus parlem?
Una cervesa costa 2,50 euros. L’Alexis no vol que la gent deixi de venir per diners, i per això hem abaixat el preu, que eren 2,70 euros. M’agradaria que la gent del barri pugui veure el que fem, perquè n’hi ha per a tots els gustos. Fem ball swing, que pots venir a ballar o prendre una copa amb un ambient genial amb gent ballant com en una altra època. O monòlegs, cabarets…

Què es pot fer perquè vinguin?
Vam fer el cabaret d’inauguració al gener. Com que portem els fills a l’escola al Poble-sec, tenia pensat fer un espectacle infantil per a les famílies, en què la gent es pogués quedar i fer barri, però no vam tenir temps.

Com ha estat possible que el Tinta Roja anés a tancar i que ara es mantingui?
Per la pandèmia. Vam comprar la llicència al Manuel per un import que li permetés pagar els deutes. El local se sosté. Fins i tot quan al desembre passat que hi va haver l’onada d’òmicron i ens van entrar a robar, els comptes van sortir a zero. El local no perd si està ben gestionat.

Ha estat complicat a nivell personal posar diners a un negoci amb deutes?
Ho teníem clar tots dos. L’Alexis ha començat mil negocis. Jo no soc així, i és la primera vegada que també hi estava disposada. No ens ha costat perquè vam fer números pessimistes i vam veure que fins i tot així no perdríem diners. Sí que hi ha hagut estrès perquè no parem des d’octubre i seguim amb les nostres pròpies feines: l’Alexis amb la informàtica i jo tinc una escola de teatre, una companyia i un festival de teatre, i cal sumar-hi els nens… i fer espectacles a les nits, esclar.

Continua llegint

Entrevistes

Joan Fortuny: “Els 50 anys de Dharma no han sigut només fer música, sinó fer política a través de la música”

Com que ‘soc músic i no em fico en política’? Al contrari: ‘Soc músic i em fico en política!’”. Ho afirma Joan Fortuny (Barcelona, 1955), història viva de la música catalana i cara visible de la Companyia Elèctrica Dharma, grup de folk-rock català que aquest 2022, ‘Any Dharma’, celebra el seu 50è aniversari. En el context de la commemoració del mig segle de vida del grup, pel qual ha rebut recentment el Premi Enderrock a la Trajectòria, Fortuny fa balanç de la història –musical, però també política i social– de la Dharma, intensament marcada per la pèrdua dels seus germans Esteve i Josep, amb els quals va cofundar la banda. El 22 d’abril del 2023, el Palau Sant Jordi acollirà el gran concert de festa d’aniversari de la Companyia Elèctrica Dharma. “No serà un comiat, de cap de les maneres”, adverteix Fortuny.

Publicat

on

Per

Quins moments destacats defineixen la història de la Companyia Elèctrica Dharma en aquests cinquanta anys de trajectòria?
El fet d’haver arribat als cinquanta anys ja és un fet important per a nosaltres. De moments boníssims, per exemple, em venen al cap les gires que hem fet pel món, com la Rock in Rio, on vam coincidir amb artistes com Sting o REM a Rio de Janeiro. Ara bé, els moments dolents han sigut molt dolents. Parlo de les morts dels meus germans Esteve i Josep, el 1986 i el 2013 respectivament, moments en què el grup es va arribar a separar i després vam tornar-hi. Tot i que ens vam plantejar la nostra continuïtat, sempre hem pensat que el millor homenatge que els podíem fer era mantenir la Dharma viva per continuar el llegat.

Com defineix l’aportació diferencial de la Dharma a la música i la cultura catalanes?
Des que vam començar, hem intentat buscar el nostre so. El primer disc, Diumenge (1974), encara estava influenciat per grups d’aquella època com Weather Report, Herbie Hancock, Miles Davis o Paco de Lucía. Amb aquell disc vam acabar contents, però no ens diferenciava, no ens sentíem plenament satisfets. Va ser al segon disc, L’oucomballa (1976), on vam trobar el nostre so; allà vam fer una introspecció i vam veure que, més enllà de totes les influències que havíem tingut a l’adolescència, havíem d’anar a la nostra infantesa, a la música que sentíem quan érem petits: música de carrer, bandes de carrer, coples, sardanes… Música popular de casa.

Quin balanç en termes de llibertat d’expressió fan des del naixement del grup?
Quan vam començar com a Dharma, perquè abans ja havíem fet altres grups, encara hi havia Franco i estàvem a una dictadura. Als anys 74 i 75 nosaltres actuàvem per tot arreu i ho fèiem sota vigilància. Quan vam fer el primer Canet Rock, on ja hi havia una joventut en contra del sistema, amb el sorgiment de tot el moviment hippie, nosaltres ja vivíem en comuna i ens sentíem bastant vigilats per part de la Policia i de l’Estat. En l’actualitat tornem a estar en aquell punt en què la gent té por de dir segons què. Només has de veure els casos del Pablo Hasél i quantitat d’artistes que, pel sol fet de dir el què pensen, estan a la presó. En comptes d’anar endavant, crec que estem anant enrere. La gent s’autocensura i això és el pitjor, el fet de l’autocensura per por. Nosaltres som un grup que no només hem volgut fer música, sinó que hem estat compromesos en quantitat de causes. Això que diuen d’“ah, no, és que soc músic i no em fico en política”… Al contrari: “Soc músic i em fico en política”.

Vol dir, doncs, que la Dharma ha fet política a través de la música.
Exacte! Sí, sí, sí! I volgudament, a més a més. Si tu tens una opinió de com va el món, doncs l’has de donar. Per exemple, al darrer disc hem fet una cançó sobre les pasteres, sobre la gent que ve i mor al mar. Sobre aquestes coses, nosaltres volem opinar.

El 2013 mor en Josep, germà seu i bateria del grup, i Dharma es desfà. De quina manera les pèrdues han marcat la identitat de Dharma aquests anys?
L’han marcat molt, i cap a malament. Després de la mort d’en Josep, vam dir: “Bé, tu, pleguem”. Ja no ens veiem amb cor. I amb l’Esteve ens va passar igual: li vam fer un homenatge al Palau de la Música… I vam plegar. I la manera que vam decidir tornar als escenaris va ser quan van tornar els Canet Rock, el 2014, i se’ns va demanar que, com que havíem començat als festivals del 75, 76 i 77, volien agafar un grup representatiu d’aquell moment. Vam pensar que el Canet Rock era molt important per a en Josep, i vam dir: “Ostres, per què no fem una petita actuació, almenys?”. A ell li hauria agradat molt. Un cop fet el Canet Rock, vam veure que havia funcionat i que teníem penjada la gira dels quaranta anys amb en Josep, i vam dir: “Ostres, per què no fem la gira?”. Teníem el cuc de l’escenari, i vam fer la gira dels quaranta anys al 2014-2015.

Com viuen aquesta gira d’aniversari dels cinquanta anys, que tindrà el seu plat fort al Palau Sant Jordi l’abril del 2023?
La celebració d’aquests cinquanta anys és el més important que tenim sobre la taula ara mateix. El 22 d’abril del 2023 farem un gran concert al Palau Sant Jordi, on hi haurà convidats que pujaran a l’escenari amb nosaltres per iniciar la gira dels cinquanta anys. Volem que aquell dia el Palau sigui una festa de cultura popular: amb timbalers, grallers, bastoners, bestiaris de Festes Majors… Volem que tot això entri al Sant Jordi, i que es quedi petit per aquesta celebració dels cinquanta anys. Volem que allà quedi reflectit tot el que nosaltres hem fet musicalment durant aquests anys. Més enllà del concert, estem preparant també un documental de la nostra trajectòria, que no volem que sigui només de la història de Dharma, sinó de la història política i social del país amb Dharma com a excusa. També estem preparant un llibre biogràfic coral on tres o quatre periodistes explicaran la història del grup.

Pot aquesta gira ser també un comiat de la Dharma?
No, no, no! En principi no hi ha cap intenció. Però també et dic que vivim molt el present. Des de la mort d’en Josep, pensem molt per què hem de fer plans. La intenció de plegar no hi és, però tampoc hem planificat què farem després de la gira, si disc nou o què. Però no, el Palau Sant Jordi no serà un comiat, de cap de les maneres.

MANUEL ARENAS / Clack

Continua llegint

Entrevistes

Pepe Serra: “El museu són moltes coses alhora, però si l’entorn no el fa servir, això és un magatzem”

Pepe Serra (Barcelona, 1969) és l’actual director del Museu Nacional d’Art de Catalunya. Anteriorment, va dirigir el Picasso i, abans d’ocupar aquests càrrecs, va ser estudiant d’Història de l’Art a la Universitat Autònoma de Barcelona. Des que va arribar al MNAC, el seu objectiu principal ha estat capgirar-ho tot, renovar el museu i trencar amb els valors tradicionals que el limiten. Quan entro al seu despatx, em rep amb un piló de llibres i programes sobre la taula.

Publicat

on

Tot això ho puc trobar al museu?
Tant de bo. Avui dia, el museu té 30.000 obres d’art i només n’exposa 5.000.

I la resta?
Guardades. Al MNAC tenim un problema i és que, tot i que pot no semblar-ho des de fora, a la part més gran de l’edifici, que és la sala oval, no s’hi pot exposar res perquè no té les condicions climàtiques necessàries.

Per què us trobeu en aquesta situació?
Doncs perquè aquest edifici no està pensat per ser un museu. Es construeix l’any 1929 per l’exposició internacional de la llum i dels cinquanta mil metres quadrats que té, només en podem utilitzar deu mil per exposar. No hi ha lloc per a tot. Les exposicions temporals, de fet, es fan en uns soterranis que en veritat són uns magatzems.

Recentment, s’està parlant d’una ampliació del museu. Això resoldria aquest problema?
Sí! Per nosaltres, l’ampliació té dos fronts: guanyar espai per tal d’exposar millor les coses i canviar de quota. Aquest museu s’instal·la aquí l’any 1934 amb la idea que aquesta muntanya serà un gran lloc de cultura i de natura, però segueix havent-hi un handicap molt gran d’accés. Pasa un autobús que triga tres quarts d’hora, la muntanya és fosca i no està ben senyalitzada.

Si s’ocupessin els pavellons Victòria Eugènia estarieu més a prop de la ciutat. 
Exacte, si tu instal·les la porta del museu on hi ha les columnes, a prop de la font, estàs gairebé a peu pla. Psicològicament és un canvi molt fort ja que estàs a toc de metro, a toc de bus…

I amb aquest canvi, com canvia la relació del museu amb el barri?
Aquí hi ha una dimensió urbana que afecta directament el Poble-sec. Molts veïns estan col·locats entre l’autovia i la muntanya, no tenen espais públics ni de qualitat; l’ampliació del museu és una gran oportunitat perquè el veïnatge tingui un millor servei. El museu vol dir aules d’educació, vol dir visites de les escoles, vol dir una biblioteca… Per nosaltres l’ampliació és molt important però també ho és com un mecanisme perquè la ciutat aposti d’una vegada per aquesta muntanya.

Una muntanya amb diversos centres culturals. 
Els pavellons Victòria Eugènia estan situats en un punt estratègic. Al voltant hi ha la Caixa, la Miró, la Mies van der Rohe… és a dir, pots fer una operació artística molt maca que obligarà a l’Ajuntament a fer una cosa que no ha fet: tenir uns toldos per a la pluja i el sol,  que estigui ajardinat i que al vespre sigui segur, entre d’altres.

Entens el museu com un servei públic?
Absolutament, i aquí hi ha hagut un canvi. Durant els segles XIX i XX, el museu era un contenidor de patrimoni que es guardava per a les futures generacions. Això està molt bé i ho fem igual, però si no li donem un ús públic en el present, el museu no té cap sentit.

Quina creus que és la vocació del MNAC?
El visitant. Ell ha de ser al centre i ha de poder participar. Abans el museu parlava i tothom callava i així tothom escoltava el mateix, però això s’ha acabat. El museu no parla, és un diàleg i ara ha de fer una cosa molt més complicada: generar preguntes. És un canvi amb una dimensió social molt més important; al centre ja no estan els objectes sinó que estan els subjectes.

I això com es projecta en la realitat?
Doncs el que plantegem nosaltres és parar l’orella i escoltar-te a tu. Si tenim una associació de nouvinguts, que el museu serveixi perquè els permeti integrar-se a la comunitat. Si tenim uns especialistes en romànic, que puguin venir a estudiar. El museu són moltes coses alhora però si l’entorn no entra i surt i el fa servir, això és un magatzem.

Hi ha d’haver també un interés per les obres. 
Sí, però és secundari. És més important que, a través de l’art, tu et facis preguntes de qui ets, on vas a parar, quines són les teves emocions… No hem de tancar l’obra a la informació tècnica de la descripció.

Creus que hi ha pintures bones i dolentes?
Aquesta és una divisió històrica i és mentida. No hem de parlar de bones o dolentes sinó d’obres rellevants o no. Aquí teníem una obra d’un artista desconegut i tècnicament pobre en què surt un home pegant a una dona. El quadre mai s’havia exposat perquè es considerava dolent, però a la llum de per a segons quin relat, és la nostra millor obra. Ara l’hem pujat a sales i ja no la podem treure, perquè aquesta obra serveix!

Per treballar el gènere, segur; com esteu aplicant la perspectiva feminista al museu?
Doncs d’una banda, recerca. Aquí hi ha un grup de dones que estan fent un inventari de totes les artistes que hi ha a les col·leccions. I, per l’altra, estem creant molts programes per posar-les en valor i corregir el relat. Tu agafes un quadre de Tiziano, per exemple, El rapte d’Europa, i són uns homes violant unes dones. O sigui, si vols digues-li rapte, però aquí el que està passant és una altra cosa. Tot això s’ha de revisar. I no és fer la trampa d’afegir una sala per a les dones sinó que és incorporar-les dins el relat de manera que si les traguessis, el relat ja no funcionaria.

Les noves generacions d’artistes són una peça clau en el canvi. 
Totalment. L’artista sí que mira on ningú mira i sí que pregunta on ningú pregunta. Si tu agafes artistes, doncs, t’en sortiràs.

Continua llegint

El més llegit

Copyright © ZonaSec Comunicació, 2021